A través de la Red de Mujeres Agroinnovadoras, impulsada por FIA, se fortalecieron competencias en propagación de especies nativas, liderazgo y autonomía económica, consolidando un modelo replicable de “viveros inclusivos”.
En el marco del ciclo de actividades del “Convenio Estratégico de Colaboración y Asociatividad”, liderado por la agencia FIA (Fundación para la Innovación Agraria), el Instituto Forestal (INFOR) y el Centro de Salud Mental Comunitaria (CSMC) de Coyhaique, se desarrolló una iniciativa de tres semanas que integró exitosamente a 10 participantes en un innovador modelo de intervención de salud mental.
La experiencia fusionó técnica forestal y bienestar psicosocial, permitiendo que los viveros dejaran de ser únicamente espacios de producción para transformarse en aulas abiertas y entornos terapéuticos, donde el aprendizaje y la sanación avanzaron de la mano.
Deysi Rubilar, representante regional de FIA en Coyhaique, destacó que la innovación con enfoque territorial se construye a partir de alianzas estratégicas y con un fuerte liderazgo femenino. En ese marco, explicó que a través de la Red MAI -Red de Mujeres Agroinnovadoras- impulsada por FIA, se fortalecieron competencias en propagación de especies nativas, liderazgo y autonomía económica, consolidando un modelo replicable de “viveros inclusivos”.
“Este convenio permitió transformar viveros en espacios de formación técnica, bienestar psicosocial y acción climática concreta. Este trabajo demuestra que cuando articulamos innovación productiva,
salud mental y empoderamiento femenino, generamos desarrollo sostenible real para la Región de Aysén, según dijo.
Por su parte, la subdirectora ejecutiva de INFOR, Marta González, destacó que el convenio entre FIA–INFOR y el Centro de Salud Mental Comunitaria de Coyhaique es un ejemplo concreto del valor de la
articulación público-privada en los territorios. Señaló que esta alianza demuestra cómo el quehacer técnico de instituciones del Ministerio de Agricultura puede generar impactos positivos y tangibles en la vida cotidiana de las personas.
“Al fortalecer capacidades técnicas vinculadas a la producción de plantas, no solo transferimos conocimiento, sino que también nos acercamos a la comunidad, promoviendo la valoración de nuestro patrimonio natural y fomentando su protección, uso sustentable y conservación”, afirmó.
TRES SEMANAS DE IMPACTO TERRITORIAL
El programa se estructuró en hitos clave que permitieron a las participantes adquirir competencias en el manejo de especies nativas bajo un enfoque de resiliencia climática, integrando dimensiones
técnicas, sociales y productivas.
Innovación y técnica: Con el acompañamiento de especialistas del Instituto Forestal (INFOR), se implementaron protocolos de propagación y manejo sustentable de especies nativas, fortaleciendo capacidades prácticas con base científica.
Bienestar comunitario: El equipo del Centro de Salud Mental Comunitaria (CSMC) de Coyhaique desarrolló sesiones de “viveroterapia”, utilizando el entorno natural como herramienta de rehabilitación psicosocial y fortalecimiento de la salud mental.
Empoderamiento: A través de la Red de Mujeres Agroinnovadoras (Red MAI) de FIA, se promovió el liderazgo, la autonomía económica y la proyección productiva de las participantes, consolidando un enfoque de innovación con perspectiva de género.
CAMBIO CLIMÁTICO COMO EJE TRANSVERSAL
La integración de prácticas vinculadas al cambio climático fue un componente central del convenio, considerando que la Región de Aysén enfrenta crecientes desafíos asociados a la variabilidad climática, los eventos extremos y la protección de sus ecosistemas nativos.
El trabajo en viveros, además de fortalecer capacidades técnicas y socioemocionales, impulsa acciones concretas de adaptación y mitigación, como la propagación de especies resilientes, la restauración ecológica y el desarrollo de prácticas productivas sostenibles. De esta forma, se fortalece no solo el territorio, sino también la autonomía y la capacidad de respuesta de las comunidades frente a un escenario ambiental cambiante.
RESULTADOS Y PROYECCIONES
El cierre de este ciclo, celebrado en las dependencias del CSMC Coyhaique, incluyó un espacio de intercambio y socialización para los productos derivados de los talleres, evidenciando el
éxito de la propuesta. En este marco, el trabajo de vivero se consolidó como una herramienta de doble impacto: por un lado, como un dispositivo terapéutico para el bienestar, y por otro, como una capacidad técnica instalada que abre nuevas oportunidades de empleabilidad y emprendimiento local.
«Ver a estas 10 mujeres liderar procesos técnicos forestales mientras fortalecen su bienestar emocional es la prueba de que la innovación social es el camino. El vivero les ha entregado conocimientos
en propagación y manejo que hoy son herramientas concretas para su desarrollo», señalaron los representantes del Comité Técnico de Coordinación.
Aunque el convenio finalizó, los resultados obtenidos abren la puerta a una segunda etapa de asociatividad, por lo cual se hace el llamado a la comunidad para aperturar espacios públicos y privados generando continuidad y escalamiento a este modelo de «viveros inclusivos», transforma




