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Desertificación y sequía: innovar para seguir produciendo

17 de junio | Día de la lucha contra la desertificación y la sequía

La sequía, y el proceso de desertificación asociado, es lamentablemente una realidad que está golpeando en muchos ámbitos, ya sea a nivel de paisaje como a nivel productivo. Todo esto ha llevado a muchos agricultores a rehacer sus procesos, de forma de internalizar esta nueva realidad en pos de adaptarse y mitigar sus efectos a través del uso mucho más intensivo en tecnología, nuevas variedades, etc, lo cual por supuesto genera un tención y ajustes presupuestarios.

La disminución de la disponibilidad de agua, con la consecuente degradación de los suelos y la creciente alteración climática que estamos visualizando, muchas veces acompañada con eventos climáticos extremos claramente están afectando la productividad, aumentando los costos y generando incertidumbre sobre el futuro de muchas explotaciones agrícolas.

Frente a este escenario, la adaptación ya no es una opción, es una necesidad, frente a la cual la capacidad de innovar es fundamental

Cuando hablamos de innovación no nos referimos únicamente a nuevas tecnologías. También hablamos de mejores prácticas de manejo, de nuevas formas de utilizar el agua, de recuperar la biodiversidad en los predios, de incorporar conocimiento científico a las decisiones productivas y de fortalecer las capacidades de agricultores, técnicos y profesionales.

En distintas regiones del país ya existen experiencias concretas que muestran resultados. En Coquimbo, por ejemplo, se han desarrollado programas de formación para promover el manejo sostenible del agua para agricultores. También se han impulsado iniciativas para aumentar la biodiversidad del suelo en predios agrícolas y promover modelos agroforestales que contribuyen a mejorar la sustentabilidad de los sistemas productivos del secano. Otros proyectos van orientados en optimizar vía remota el buen uso del agua disponible en los canales de regadío, entre otros.

Al mismo tiempo, en la Región de O’Higgins, por ejemplo,  investigadores trabajan en estrategias de riego que permitan aumentar la eficiencia de este en varioas cultivos diferentesl. En Valparaíso, se están validando sistemas que incorporan biodiversidad y servicios ecosistémicos en la producción de paltos, con el objetivo de mejorar la resiliencia de los cultivos frente a condiciones cada vez más exigentes. O la producción de flores de corte y hortalizas en camellones de altura.

Estas iniciativas, así como muchas otras, tienen un objetivo común: ayudar a los agricultores a producir de mejor manera en un contexto climático más complejo.

En resumen, enfrentar la desertificación es una obligación, que requiere innovar y avanzar en el logro de una mucho mayor eficiencia en la utilización de todos los recursos, teniendo como principal, por supuesto, el agua, acompañado de la mejora de la salud de los suelos, la protección los ecosistemas y la generación e incorporación de conocimiento científico y técnico que permita optimizar procesos y tomar mejores decisiones productivas.

Andrés Gálmez, Director Ejecutivo de la Fundación para la Innovación Agraria (FIA)

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