Por Gabriela Pazos
Dos reconocidos chicheros del Valle de Curacaví —Julio Silva y Segundo Daine— relatan su experiencia para destacar la riqueza cultural de este oficio tradicional, hoy protegido por la Denominación de Origen, los desafíos del relevo generacional y el rol que ha desempeñado FIA en la valorización y difusión de este patrimonio local.
En el marco del Día del Patrimonio Cultural, la comuna de Curacaví resalta no solo por su geografía, sino por mantener intacto uno de sus símbolos identitarios más potentes: la producción artesanal de chicha. A través de dos maestros chicheros, herederos de la tradición familiar, rescatamos esta popular bebida alcohólica latinoamericana, elaborada en nuestro país, principalmente a partir de la fermentación de la uva.
Este oficio -de origen colonial- se sostiene gracias al esfuerzo y la memoria de los cultores locales, quienes luchan contra el paso del tiempo, el cambio climático y los cambios socioculturales para que la tradición no desaparezca.
En este contexto, el director ejecutivo de la Fundación para la Innovación Agraria (FIA) -la agencia de innovación del Ministerio de Agricultura- Andrés Gálmez, expresó que destacar iniciativas como esta en el marco del Día del Patrimonio Cultural permite poner en valor productos con identidad territorial. “Lo que FIA ha estado apoyando es que los productores se den cuenta de que tienen algo patrimonial importante. La chicha de Curacaví no es igual a la que se produce en otras zonas; el clima especial de la región contribuye a una acumulación de azúcares única”.
Agregó que “estamos impulsando una innovación en la comercialización que permite a los productores reconocer y poner en valor el patrimonio agrícola y cultural que resguardan. De esta forma, fortalecemos su identidad territorial y generamos nuevas oportunidades para el desarrollo del turismo agropatrimonial, asociado a las tradiciones y saberes locales.»

UN TESORO FAMILIAR
Don Julio Silva, maestro chichero y presidente de la Asociación Gremial de Productores de Chicha de Curacaví, cuenta que la chicha forma parte de su biografía desde la infancia, «llevo en la chicha, podría decir, desde siempre, porque crecí con personas que trabajaban en ella. Mi abuelo la trabajó -aunque no lo conocí-, mi papá la hacía y otros tres hermanos de él también. Desde chico uno estuvo mirando, ensuciando, jugueteando y ayudando en lo que podía».
Por su parte, Don Segundo Daine, representa la cuarta generación familiar dedicada a este rubro, manteniendo la herencia, pero incorporando una mirada comercial: «Mi bisabuelo, mi abuelo y mi papá hacían este producto por tradición; antiguamente se tomaba mucha chicha en el pueblo y tenerla para el 18 de septiembre era prácticamente una obligación”. Según agrega, “yo ya llevo 20 años en esto aquí en Curacaví. La gran diferencia es que yo patenté el producto con el apellido, le puse una etiqueta, lo hice comercial y lo envaso en botellas de vidrio».
Ambos productores coinciden en que el verdadero valor patrimonial radica en la preservación estricta de las técnicas de elaboración antiguas, como la molienda manual con zaranda de colihue y el uso de fondos de cobre para la cocción, un proceso lento y meticuloso que exige paciencia.
ENCUENTRO DE CHICHEROS Y EL APOYO DE FIA
Para contrarrestar estas dificultades, en el año 2024 se realizó un encuentro de chicheros de Curacaví, apoyado por la Fundación para la Innovación Agraria (FIA) que reunió a productores, historiadores, expertos en patrimonio y autoridades para valorar la importancia y denominación de origen de la histórica Chicha de Curacaví.
La iniciativa, que permitió conectar la experiencia de los chicheros antiguos con las nuevas plataformas de difusión, fue clave para visibilizar esta antigua tradición y llamar la atención de otros productores locales que se entusiasmaron y se sumaron.
Para Don Julio Silva, trabajar en conjunto con FIA significó un respaldo fundamental para su actividad socio productiva: «Al estar FIA dentro del Ministerio de Agricultura y ser nosotros agricultores, el complemento fue muy favorable. Este apoyo nos sirvió para darnos a conocer, intercambiar experiencias de otros lados… convocar a chicheros antiguos y temerosos para que conversaran con los nuevos y mostrar que hay una continuidad de la tradición. Nos dio fortaleza para creer en el valor de lo que hacemos».
A pesar de no haber podido asistir presencialmente por atender su negocio, Don Segundo percibió de inmediato el impacto positivo y el interés del público tras la realización de la actividad:
«Esos eventos con el FIA son muy bonitos y es muy bueno que se sigan haciendo, porque dan a entender que hay gente interesada en ayudar a que esto crezca. De hecho, después de ese evento sí vi un beneficio directo: llegó gente acá preguntando por la chicha porque estuvieron en el evento o escucharon hablar de él, empezaron a llamar y a venir».
UN DÍA QUE INVITA A MIRAR EL TERRITORIO
El Día del Patrimonio invita a reflexionar sobre la preservación de estas manifestaciones culturales vivas. En Curacaví, la producción de chicha sigue resistiendo gracias a la memoria de sus cultores y al impulso de iniciativas que buscan estructurar rutas turísticas en torno a la cuenca del estero Puangue, asegurando que el oficio se mantenga como el motor de la identidad local.
Mantener vivo este oficio patrimonial en la actualidad implica sortear diversas dificultades estructurales y climáticas. El avance inmobiliario y la escasez hídrica han disminuido las plantaciones de parras en la comuna. Sin embargo, uno de los retos más complejos es el desinterés de las nuevas generaciones por realizar las labores físicas más exigentes del campo.



